A nun dreams of a house of horrors, Quito, ca. 1760

English Translation
Thus, this night, in that same period of Lent, You, Oh Lord, relieved completely me of my senses. And it seemed that I entered into a great mansion, with many rooms. I had entered this same mansion many times since becoming a nun. But this time it was different: at first upon entering, I did not recognize the rooms, and my curiosity led me to explore a part that later I regretted, because I found myself immersed in entanglements that caused me great suffering and more because I wanted to get out of this house, but could not leave through the place I entered, without crying out to You, Oh Lord, for your protection...

In this mansion, I discovered more than I had seen on previous visits. The rooms were different: some were filled with enchantments; all filled with all the different vices that exist, in various forms, and each vice was guarded by some demons, some more than others. There were different passions, each with a different shape. And each had its different name, as did the demons, their agents. And all of them were busy at work, each in its own web.

And my guide led me to another room, where, behind a great wall, there was a window, and leaning out of it was a demon in the shape of a monkey. And with its monkey-business it tried to amuse me. There, I realized that my guide inspired me not to look or to tarry, and I did not. And then the demon monkey told me not to go in one of the rooms that I desired to enter. I paid no attention, and continued forward. It threatened me, saying if I entered, I would come to no good. I said not a word. And I entered into the room, which was dark and unpleasant, just like the rest of the house. It was horrifying. I tried to find a way out, and doing so, I noticed an old woman who I saw, silently and almost secretly; she was far to the right of the path I was taking. She was filthy, of evil appearance, and the most despicable of the many people I had seen in that same house. I went up to her and asked, "What are you doing here? You look like someone up to no good." She told me to leave because it was not right for me to stay there or to approach her. I then knew, by divine revelation that she was Dishonesty, the enchanter of Free Will, which only God ought to control. She threatened to enchant me, if I did not leave but stayed next to her. I got angry at her and I told her, "You leave, since you don't have power against those who fear God." She got scared and I saw her, so despicable, and frightened, and in the name of God I cast her from there.
   

Spanish Original
Pues esta noche, en esta mima cuaresma, sacásteme, Señor, de mis sentidos totalmente. Y parecíame que entraba a una gran casa, que tenía muchas habitaciones. En esta casa me he visto entrar varias veces desde que soy monja. Pero con esta diferencia: que a los principios que en ella entraba, no conocía sus habitaciones, y la curiosidad me metía por unas partes que después me pesaba, porque me hallaba en unos entredos metida, que me veía en gran padecer, que por más que yo quería zafarme no daba con la salida por donde entré, sino pidiéndote a Vos, Señor, mucho tu amparo....

Se me descubrió en esta casa mucho más de lo que había visto otras veces. Habitaciones diferentes: unas llenas de encantos, y todas llenas de cuanto vicio hay, en figura de varias formas, y cada vicio tenía varios demonios que le guardaban, unos más que otros. Habían diferentes pasiones, en varias figuras. Y cada cosa de éstas tenían sus diferentes nombres, como también los demonios, sus agentes. Que todos trabajaban, cada cual en su maraña....

Y mi compañero me sacó por otra habitación, detrás de una gran pared en la cual había una ventana y en ella asomado un demonio en figura de mono. Y con sus monerías quiso divertirme. Allí conocí que mi compañero me inspiró que no lo mirase ni me detuviese. Hícelo así. Y me dijo el demonio mono que no entrase por otra habitación donde yo me enderezaba. No le hice caso, y proseguí. Amenazóme que si por allí entraba, me había de ir mal. No le respondí palabra. Y entré a una habitación oscura y desapacible, como toda la casa lo era. Estaba horrorosa. Procuré buscar para otro lado su salida, y, al hacerlo, me llevó la atención una vieja que vi, muy en silencio y como a escondidas, retirada a mano derecha del camino que yo llevaba. Tan puerca ella, tan de mala traza, en fin, tan ruin ella de cuantas personas había visto en aquella casa. Fuime para ella y le dije: ¿Qué haces aquí? Que no tienes cara de hacer cosa buena. Díjome que fuese, porque a mí no me convenía estar allí ni llegarme a ella. Conocí luego, con luz del cielo, que aquella era la deshonestidad, encantadora de las voluntades, que sólo Díos debía ser dueño de ellas. Amenazóme con que a mí me había de encantar, si no me iba y permanecía junto a ella. Enfadéme y díjele: Vete tú, que no tienes poder con quien a Dios teme. Acobardóse. Yo, viéndola tan ruin y que se acobardaba, en nombre de Dios la eché de allí.
   








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