The interior of a church in Lima, ca. 1740

English Translation
The riches and pomp of this city, especially on solemn festivals, are astonishing. The altars, from their very bases to the borders of the paintings, are covered with massive silver, wrought into various kinds of ornaments. The walls also of the churches are hung with velvet, or tapestry of equal value, adorned with gold and silver fringes: all which in this country are remarkably dear; and on these are splendid pieces of plate in various figures. If the eye be directed from the pillars, walls, and ceiling, to the lower part of the church, it is equally dazzled with glittering objects, presenting themselves on all sides: among which are candlesticks of massive silver, six or seven feet high, placed in two rows along the nave of the church; embossed tables of the same metal, supporting smaller candlesticks; and in the intervals betwixt them pedestals on which stand the statues of angels. In fine, the whole church is covered with plate, or something equal to it in value; so that divine service, in these churches, is performed with a magnificence scarce to be imagined; and the ornaments, even on common days, with regard to their quantity and richness, exceed those which many cities of Europe pride themselves with displaying on the most common occasions.

If such immense riches are bestowed on the body of the church, how can imagination itself form an idea of those more immediately used in divine worship, such as the sacred vessels, the chalices, ostensoriums [monstrances], etc. in the richness of which there is a sort of emulation between several churches? In these the gold is covered with diamonds, pearls, and precious stones, so as to dazzle the eye of the spectator. The gold and silver stuff for vestments and other decorations, are always of the richest and most valuable among those brought over by the register ships. In fine, whatever is employed in ornamenting the churches, is always the richest of the kind possible to be procured.
   

Spanish Original
Todas las iglesias, assi las parroquiales como las de los conventos y capillas, son grandes, fabricadas de piedra en parte y enriquecidas de pinturas y adornos demucho valor; se distinguen en esto, además de la cathedral, las de Santo Domingo, San Francisco, San Agustin, la Merced y la de la Compañia, no pudiendo encarecerse su magnificencia ni comprehenderse bastantemente sino con la vista. Descubrese mas bien en los dias solemnes, y por ellas la riqueza y ostentacion de aquella ciudad pues no solo se nota de todos sus altares desde el pie hasta los remates de los retablos están cubiertos de plata maciza labrada en distintas especies de adornos sino que, además de vestirse todas las paredes de los templos con ricas colgaduras de terciopelo ú otra tela de igual estimacion, guarnecidas con franjas y fluecos de oro y plata, todo muy costoso para aquel país, están matizadas á trechos con alhajas de plata sobrepuestas, las quales forman vistosa y agraciada simetría. A este respeto, si se dexan las bobedas, arcos y columnas para atender al suelo de la iglesia, no se encuentra mas que riqueza en todas partes; en una, los blandones macizos de plata de 6 á 7 pies de alto que en dos filas se siguen ocupando todo el largo del principal cañon de la iglesia; y en otra, las mesas realzadas de lo mismo, sustentando pebeteros y haciendo labor con aquellos, y en los claros que dexan entre sí, otras sirviendo de peanas á diferentes niños y angeles; y, finalmente, quanto se descubre en toda la iglesia es de primorosa plata ó de materia que la iguale en el valor; por lo qual, se solemniza el culto divino en aquellos templos con la mayor grandeza que puede llegar á congeturar la idea, y aun en los demás dias comunes que no hay festividad particular son tantos y tan costosos los ordinarios adornos que exceden á los que en muchas ciudades de Europa se reservan para los más clásicos.

Si tanta riqueza viste lo material de los templos, ¿puede considerarse adonde llegará la mas inmediata del culto divino? Los diamantes, perlas y piedras preciosas son totalmente comunes, y, disfrazado el oro en brillantes con pulidas invenciones engastados, desvanecen la vista sus reflexos en las varias custodias y vasos sagrados que tienen todas las iglesias, compitiendose entre sí unas á otras para que no sea menos en ninguna la decencia con que procura dar el culto á la Magestad Suprema el celo catholico de aquellos moradores. Las telas de oro y plata con que hacen los ornamentos son siempre las mas exquisitas, nuevas y costosas que passan en las armadas y navios de registro á aquella ciudad. Las franjas y realzados bordados correspondientes y, finalmente, todo quanto allí se registra en los templos es grandeza; quanto estos contienen, obstentacion; y quanto se usa cosas del mayor valor, particularidad y primor.
   








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